Cuento a varias manos del Foro de Literatura

4.30.2004

1.
El comandante García cortó el cable de seguridad y dio un traspiés que lo impulsó de espaldas. En la fría soledad de su escafandra oyó cómo de su boca salía un seco "Oh Dios", para después precipitarse de cabeza hacia el suelo. Cinco metros fueron más que suficientes para hacer añicos el plástico y la aleación estaño-iridio de su visor. Durante el fatal trayecto no circuló por su mente ningún recuerdo infantil ni de cualquier otra índole digno de resaltar, sino sólo una única y explícita exclamación que rebotaba desbocada una y otra vez por entre las paredes de su cráneo "joder, joder, joder..." hasta que su frente vino a frenar la caída.
El cuerpo del comandante quedó tendido, inerte, con el casco y la cabeza abiertos bajo el negro cielo marciano. Inopinadamente, la escafandra no impidió el desastre, y como una cronopia funda de gafas recién adquirida, propició -con una arista insólita- la fractura del hueso. La masa lechosa de su cerebro le cubrió el bello rostro como si un pensamiento hostil le nublara la vista.

2.
La hermosa Alex, segundo lugar en comando de la operación Marte, después de García, lo había visto todo desde la pequeña salita del control capsular. Incapacitada para ayudar a García, había dejado de llamarlo y el silencio invadió la nave. El resto de la tribulación no atinó a decir nada y solo se cruzaron inciertas las miradas que adivinaban lo peor, García estaba muerto. El capitán Bruno buscó ávidamente alguna reacción en los ojos azules de Alex cuando su voz sonó firme y segura: "bueno, hay que salir a terminar la operación, para eso hemos venido... y más tarde nos ocuparemos de recoger el cuerpo de García...". Las últimas palabras de Alex sonaron frías y desapegadas para el resto de la tribulación, puesto que García había sido un excelente comandante a quién se le honoraba el respeto en NASA y su tribulación lo admiraba de sobremanera ya que él había sido el primer pionero humano mandado a investigar la superficie de Marte hacía algunos años atrás. Alex ya había terminado de acomodarse el equipo espacial y estaba lista para salir.

3.
Un poco más atrás, impávida, otra mujer apretaba los labios para no llorar... ¿Cuándo fue el último día que pudo amar a García libremente?
Sasha trata de moverse, vano intento porque su cuerpo no le responde. Escucha la voz de García como si este aún estuviera con vida... Algo le hace detener la mirada en un espejo colocado frente a esa máquina de luces verdes, amarillas y rojas que no pierden su intermitencia ni ante la muerte. A través del espejo puede ver la angustia y el espanto que la sobrecogen.

De pronto, comienza a percibir extrañas formas que danzan a su alrededor, como en esas fiestas- orgía en la que se adoraba a Baco. ¿Cómo abolir la realidad?

4.
Fue el capitán Bruno el primero que estuvo en desacuerdo con la orden del 2º, Alex, en seguir con la operación antes que ocuparse de su comandante. No era su intención provocar un motín entre la tripulación, pero la indiferencia y frialdad del 2º hicieron mella y todos se pusieron a su favor: - “El comandante García, en ese momento, tenía prioridad” – La operación podía esperar unas horas, al fin y al cabo era un viaje rutinario, como tantos otros, que se hacían en el espacio desde hacía años.
... No voy a discutir una orden, no es esa mi intención, pero estoy seguro que el comandante habría dado otra. – Dijo el capitán Bruno.
Sólo unos segundos quedó la nave en silencio; ninguna replica, ningún apoyo; mientras Alex era observada por la que ya era su tripulación.
... Encárgate de él. – Terminó por decir, dirigiéndose a Sasha.
Cuando pisaron la superficie del planeta, para algunos era la primera vez, y se dirigieron al cuerpo inerte del comandante García, no encontraron al ser humano que minutos antes había bromeado con ellos; apenas unos jirones de vísceras y piel pegados al traje espacial y poco más. – Por votación, en el interior del modulo espacial, habían decidido no trasladarlo a la nave y dejarlo allí. Toda la tripulación quedó conforme para que él fuera el primer hombre enterrado en Marte. Aquello era un gran honor para un astronauta que había sido el primero en llegar, años atrás, a aquel planeta.
Resultó muy dificultoso profundizar en aquella superficie, no por la dureza del suelo que pisaban, sino por los inadecuados instrumentos que tenían para ese trabajo, nadie había previsto cavar una tumba en Marte en aquella expedición, y los picos, palas y azadas que hubiesen sido necesarias para tal menester, fueron suplidas por varas, tubos y potentes láser, con que abrir un pequeño hueco a la medida del comandante.
Fue en el momento que entre Bruno y Sasha apartaban con sus manoplas los terrones de la superficie marciana para dejar el hueco libre, cuando se miraron horrorizados quedándose petrificados ante el descubrimiento que acababan de hacer... uno de los terrones que sacaron del hueco, era un fósil de un cráneo humano...

5.
......Una sensación extraña, mezcla de asombro y terror les invadió el cuerpo como el más aterrador de los escalofríos. ¿Cómo habría llegado hasta allí ese cráneo? ¿De quién podría ser? No se tenía constancia de ninguna exploración al planeta que hubiera supuesto una pérdida humana.
La curiosidad podía con ellos al mismo tiempo que el miedo les retenía, pero se decidieron a seguir excavando la tierra adyacente a la del cráneo encontrado para descubrir el por qué de ese hallazgo. A medida que realizaban la prospección en los alrededores del hueco libre encontraron un esternón y demás huesos humanos, encontrando una a una las piezas de lo que empezaba a ser un macabro puzzle humano...
...Lo que Sasha no se podía esperar era la presencia de un esqueleto humano completo, incluido el cráneo, y semienterrado a exactamente a 30 metros de distancia del otro cráneo encontrado....Otra persona, ¿quién sería? lo que más le aterraba e inquietaba a Sasha era el extraño símbolo que descubrió en la base del cráneo de aquel cadáver, y la inscripción en un idioma ilegible que figuraba justamente debajo......

6.
Sasha miró a Bruno. Buscaba en sus ojos un atisbo de comprensión, un mínimo gesto que le diera a entender que al menos él era capaz de explicar todo aquello. Pero el capitán sólo se encogió de hombros, impotente. Así que Sasha sacó fuerzas de donde pudo y tomó la iniciativa. Su voz le llegó a Bruno temblorosa a través del intercomunicador: "Lo mejor será recoger algunos restos y llevarlos a la nave. Allí podremos analizarlos".
Bruno asintió. "Supongo que García puede esperar. En este caso sí", dijo. Así que ambos siguieron apartando tierra para desenterrar por completo los fósiles humanos. Mientras Bruno recogía algunos huesos, Sasha tomó con cuidado el cráneo y examinó la inscripción. Algo instintivo le llevó a pasar los dedos por encima de los caracteres ilegibles...
Fue en ese momento cuando tuvo aquella sensación extraña: le advertía de una presencia a su espalda, observándola. Sasha se giró tan rápido como pudo para sorprender a quien fuera. Entonces su mente empezó a nublarse. Ya sólo podía oír la voz de Bruno, llamándola, cada vez más lejana... Justo antes de perder el conocimiento, Sasha habría jurado que era a García, vivo y sin daño alguno, a quien había visto observarla.

7A.
Nueve minutos St*/t después, la tripulante Sasha Wëncke, asistida por el Subcomandante Gaspar Bruno, ingresa a la nave principal. Según registro médico de estilo efectuado por F. Laud, el cuadro clínico de Wëncke era el regular, con dos excepciones: refracción cardíaca de 5 lits y reberberación análoga del pulso de resistencia gravitacional en unos 37 KR.

Sin dar respuesta a ninguno de los co-tripulantes que se apresuran a interrogarla, se desprende de traje y escafandra, tomando las debidas precauciones. Pide agua y le es dada. Abre la tapa del vaso y toma del borde, la cabeza echada un poco hacia atrás.

Bruno tira su escafandra junto al tablero de mando de la central F51. Mira a Sasha. Mira el cuello abierto de su chaqueta.... el cuello.... Mira el vaso. La mano cerrándose temblorosa sobre el vaso... los labios sobre el borde... el borde... líquido transparente... el líquido fluyendo entre el vaso y su boca... desapareciendo en su boca... los ojos azules bebiendo... los ojos abiertos mientras bebe... mis piernas ... ¿qué mierda le pasa a mis piernas? ... mantenerse en control... volver al plan inicial... todo saldrá bien...siento... calor... sed... Sash ... eso, la sed contagia... Sasha.. su propia voz, desde lejos: Sasha... Sasha... ¿estás bien?...eso, toma un poco... Sasha... ¿qué tienes?

Días más tarde, haciendo el raconto de esa jornada, Gaspar Bruno se recordará a sí mismo, como en una foto, observando alarmado la conducta de Sasha, hablándole sin esperar respuesta. Eso será todo lo que pueda decir.

Sasha se sienta en su tablero. Ignorando aún a sus compañeros, abre en su ordenador el archivo "Crónica de Viaje S.W." (cuya copia completa obra a fs. 671 del Exp. Clasif. AT23) y escribe ininterrumpidamente por el lapso de dos horas t*/t. Estos son algunos extractos:

"No debo hablar todavía, no hasta comprender qué está pasando. Temo hablar. ¿Quién hablará por mi boca?. Temo hablar con otra voz. ¿Es esto la locura? La certeza de estar siendo habitada... no volver a escuchar mi propia voz. Puedo escribir. Eso será, narrarlo todo."
".. llevo el espacio en mí, la dimensión muerta...no... no hay muerte, no es eso la muerte, ahora comprendo. Juan... puedo sentirte.."
"..Juan... habláme... ¿qué hacemos? por Dios, qué hacemos....Tranquilos....calma. Juan está en mí. Decirle a mis compañeros que Juan Ignacio García, comandará desde este cuerpo ahora. Y hay otros. Quieren hablar. Otros. Muertos en mí..."

7B
La violenta explosión reventó los dedos del joven androide Palm. Sus ojos acerados se posaron con incredulidad en la mano desgarrada, el panel de control saltó hecho añicos y el ¡todos fuera! del capitán Bruno impulsó a los catorce tripulantes que en aquel momento hacían su seguimiento de rutina hacia las puertas de acceso al transportador. ¡Palm! –gritó el capitán mientras retrocedía unos pasos para tirar de un cuerpo inmóvil, portador de una expresión confusa, como en trance. Poco antes de llegar, una segunda carga explotó cerca del simulador activándolo sin el dispositivo de seguridad y Palm fue engullido por un haz de luz que iluminó sus pupilas inertes hasta convertirlas en un punto fosforescente que se apagó poco después reduciendo al alférez a la expresión de aire. ¡Capitán!- la puerta se cerró a su espalda cuando se arrojó al interior del pequeño ascensor que caía ya en picado hacia la zona sur - ¿qué está pasando..? Bruno contempló los rostros desencajados de la tripulación y adoptó un aire templado, tranquilizador, asegurando que en poco tiempo lo sabrían. La alarma sonaba desbocada haciendo rebotar el sonido por todos los pasillos, en los paneles que coronaban las puertas de acceso a todas las salas, un borboteo intermitente, salvaje, como un alarido, recordatorio continuo del caos que reinaba en toda la estación. El visor del reloj de Alex marcaba 40º en la zona. Los neurotransmisores de los androides dejarían de funcionar a 42º y se desactivarían pero ese no era el problema principal.. Vió llegar al pequeño grupo de Bruno con él al mando y sin vacilar un segundo disparó a su brazo derecho.

Abbott, instructor del grupo P47, neutralizó el disparo láser desde su posición. Alex dejó caer el arma con una imprecación mientras se masajeaba la muñeca dolorida con una expresión de auténtica furia que se fue transformando en asombro, horror, al comprobar que el roce de la piel con los dedos la deshacía, convirtiendo en pocos segundos la capa superior de su mano en diminutos hatillos que se transformaban rápidamente en larvas, pequeños gusanos. Los demás frotaron sus brazos con aprensión y la reacción fue la misma. La piel se desprendía. Bruno friccionó con impaciencia la suya pero el efecto no se produjo en él. Una oleada de pánico sacudió al grupo que, agitado, gritaba mientras intentaba sacudirse unos parásitos que al contacto con el suelo se transformaban en líquido, una diminuta gota marrón que pocos segundos después desaparecía pero que en la piel parecían multiplicarse a una velocidad endiablada propagándose por todo el cuerpo rápidamente. Abbott, único superviviente de los angemios, intentó programar una secuencia para frenar el avance de los gusanos pero era interrumpido continuamente con gritos de súplica, de llanto, zarandeado para que acelerara el proceso. Creyendo haber conseguido un antídoto lanzó una secuencia de ultrasonidos desde su pequeño control portátil. Poco después los gusanos parecieron evaporarse. Efectuó varios disparos láser para borrar del suelo todo vestigio pero en su resplandor se dibujó un holograma perfecto: García les contemplaba con su cráneo roto, una sonrisa cruel y un ejército de necromutantes.

8.

El cuerpo de la oficial de comunicaciones Sasha Wëncke se deja llevar dócilmente. Dos fogonazos lejanos, como un recuerdo, y gritos incomprensibles. Hay que correr. La cara de Bruno, desencajada. Detrás de una puerta sucia se hace una luz metálica que dispara en el cerebro palabras extrañas: natural. Despresurización. Alguien quita la escafandra de mi cabeza. Pero sólo está Juan, Juan dentro de mí, el cuerpo de Juan, yo.

Sasha –oigo y digo–, no temas. He tomado de tu cerebro el software Juan. Pertenezco a una forma de vida que otros han llamado Copiadores. No tenemos materia hasta que entramos en un sistema orgánico, aunque podemos reproducir imágenes de seres cercanos. Tengo un mensaje importante para los de tu raza. Algunos de los míos no quieren que lo dé y me persiguen para matarme. Si descubren que estoy en ti, destruirán este cuerpo: pueden necromutarlo, es decir acelerar su tiempo interior y producir una putrefacción instantánea.

Ahora están tratando de descifrar vuestro lenguaje para adivinar si alguno de vosotros me alberga. No tardarán en hacerlo, y si es necesario os matarán a todos. He adaptado tu programación neuronal para que puedas percibir la presencia de los copiadores. Ayúdame. Sólo dentro de ti puedo escapar de este planeta muerto y regresar a la tierra, a nuestra casa. Ayúdame y haré que te reúnas con el que llamas Juan. Ahora debes comunicar con tus compañeros. Oye:

“...mal. Cinco personas y equipo de supervivencia para menos de tres unidades T”, dice la subcomandante Alex. “Pues ésa de ahí no parece muy normal”, responde un desconocido con uniforme angemio y la cara comida por la barba y el insomnio. “Está algo aturdida”, interviene el doctor Laud. No debemos hablar. Cuatro pares de ojos clavados en nosotros. Ninguno parece ver los haces grises que flotan entre ellos, serpientes de humo que miran, escuchan, esperan.

INDICE DE AUTORES
1. Alejandro el mínimo 2. Otto 3. Patita 4. Javier Martín 5. Aldebarán 6. Alatris 7A. Faelinn 7B. Angeline 8. Calibán